• Es que no sé por dónde empezar.

    El otro día veníamos de comer; yo quería caminar lento, y él rápido. Ninguno de los dos comunicó bien lo que quería y discutimos. Hoy en la noche, me dijo que no le gustaba como empleaba la palabra “toma”.  Siente en ella un tono mandón y abusador. Le dije que tenía que cambiar el concepto que tenía de la palabra porque es una de mucho uso en español. Pero insistía en el tono y el modo; y que debía sin cuestionamiento agregar las palabras “por favor”. Después de eso, ya no recuerdo. Todo se volvió confuso y repleto de dimes y diretes sin sentido, o más bien, sin dirección, con el tan sólo propósito de herir al otro; o quizás tan sólo una manera desesperada de entender. Una pelota de nieve. Agradecida que no se haya convertido en avalancha, aunque toco madera para no llamar a la mala suerte. No quise parar. Tal como perro enrabiado no quise aflojar la mandíbula. Todo me molestaba.

    Tras una tregua, o quizás lo que significó la conclusión de la pelea para él, para mí fue tan sólo un momento de silencio, que luego se llenó de indignación cuando lo veo dormir plácidamente. Un ángel durmiendo, así es como se ve. Y sólo quiero ayudarlo a que tenga dulces sueños. Pero al mismo tiempo, no quiero dejarlo dormir. No quiero que duerma sin antes yo sentirme mejor y menos confundida. Juntos es como me deshago de este sabor amargo. Él, dormido y sin ánimos de continuar ningún tipo de conversación, se retira al dormitorio. Me indigna. Su método me parece indiferencia, la peor arma a utilizar en una relación. Pero quizás no es indiferencia, aun cuando él mismo lo diga, sino que es instinto de conservación, no sólo suya, sino que mía, sino que la nuestra. Dentro de la locura, él logra ser más cuerdo.

    Hoy más temprano, me dijo que era adicta a él. Quizás lo estoy sacando de contexto. No sé qué significa lo que me dice. No sé si es una observación objetiva, o es su proyección, o quizás su deseo íntimo. Efectivamente, me gusta estar con él. Me gusta volver después de una jornada y verlo ahí en casa, en paz, cuando el mundo calla, y podemos ser nosotros mismos. Cada momento con él es precioso y mágico. Pero la soledad me acecha. Siento que no pertenezco a este mundo. Siento que no me he ganado mi derecho a existir. Cómo quisiera ser ese ser perfecto para cada individuo que toco, aquel ideal que todos anhelan en su interior! Siento que decepcionaré. Al mismo tiempo, siento que este discurso es nada más que una mentira; es más bien una manipulación. Tan sólo una justificación de mi comportamiento narcisista y vanidoso.

  • Letter to myself

    “Unless you have a perfect understanding of the principle from which another person acts, it is impossible for you to say that it is bad.” “You cannot understand something and judge it at the same time. The two things are mutually exclusive.” -The Enchiridion of Epictetus.

    Thought I betrayed myself. On the contrary, I was honouring myself. We believe guilt will ease the pain. Complacency in disguise -not really. But like most pleasures, it does not last and what might have helped to ease the pain for a bit, quickly becomes suffering. A mental rumination that brings no more than self-pity and victimization. 

    That is what we do when we put ourselves in a situation where we know we might take the wrong decision. We expose ourselves to the temptation of indulgence. But why? Why on earth would you do that? I thought about stupidity as the root. But let us be honest, life is a bit more complicated than that. And that is the thing. We cannot judge, otherwise, we will not understand, so better to watch out with the labels. I believe, we put ourselves in shitty situations because we are desperately looking to learn, to get the lesson, to understand.

    As soon as we realize what was the lesson, the pain really eases. However, that is the hard part, to really get the lesson. For that to happen, we need to be honest, brutally honest with ourselves. Can we? How when we feel embarrassed, disappointed, and confused? Nobody said it was easy. From discomfort and conflict, we grow. And what a great reward! To know you will be a better human being. To put yourself first -not your ego only-, and being patient with your slow learning process, is one of the greatest acts of love and awareness.

    How to understand if we are not present? We live between our regrets and in the conscious of endless possibilities. We live in our imagination, in our self-tale story looked from a prism biased with beliefs, so we never truly get to live. We might end up never getting the lesson.

    I have met this year. What an intense year it has been! Self-development on steroids. Therefore, I am grateful. My life has changed 180 degrees. It has not been easy. God knows how many tears I have shed. Each event has been a new opportunity to get the most out of it. To receive the waterfall, instead of catching the water bottle.

    I have made mistakes. I want to say sorry. Sorry that I treat you as a mean, and not as an end. You were the trigger for me to leap. I want to say thank you. Thank you for helping me to push the growth. I am still getting there, where I want to hold your hand but first, I want to hold mine. I want to love you without anxiety, without fears, without judgment, attachment-free. To honour and treasure you as the imperfect being you are.

    “When in doubt, trust yourself.” I do trust myself. I trust I will keep making mistakes and screwing things over. I trust those mistakes will be of better quality and not from mere poor judgement. Trial and error, that is how we grow. As Mark Manson said “Personal growth is quite scientific. Our values are our hypothesis: this behaviour is good and important. That other behaviour is not. Our actions are then our experiments. The resulting emotions and thought patterns are our data. How did it turn out? Did the value get us a better life? Or did it royally fuck us?”.

  • Hoy morí

    Hoy morí. Morí, me fui para no volver. Para mirar de lejos la vida, sin poder tocarla, sin poder sentirla. Sin apegos, sin dolor. Pero lloraba, lloraba de pena, de arrepentimiento. De no alcanzar a vivir más. Y es que me di cuenta de que no he estado viviendo. Digo, sí, he estado, pero llena de miedos y preocupaciones. “Amar sin pasado, vivir sin futuro.” Lloré, lloré, lloré… desconsolada. Aún me duele el pecho… ¡Y el grito, oh el grito! El grito ahogado de vergüenza por no haber honrado la oportunidad de vivir. La oportunidad de saborear la galleta cubierta de canela de la tarta de manzana, sentir la calidez acogedora del chocolate caliente con jengibre cuando recorre tú cuerpo, y de dejarme abrazar una última vez por la brisa del mar.

    Morí, y me fui, y lloraba, desesperadamente lloraba, y lo único que lamentaba era que no había estado presente, no había honrado la vida que yo misma me había armado. Lamentaba no haber conectado más, o conectado en absoluto, con cada momento, con cada interacción, con cada oportunidad que la vida me seguía arrojando cual salvavidas.

    Disfrutar. Agradecer. Estar. Estar, ¿Por qué resulta tan difícil? ¿Será la personalidad narcisista que prevalece? ¿Esa persona herida en busca de aceptación a través de la perfección? Perfección que es tan sólo ilusión, un espejismo que ni el narciso es capaz de concebir, pero es hacia donde camina. Es tan sólo una persona en busca de aceptación, de seguridad, de amor… pero de sí mismo.  

    Y morí, sin haber amado sin pasado, ni vivido sin futuro.

    Pero luego, luego todo era un ejercicio. Un ejercicio de meditación. Una oportunidad de la vida para reiniciar, para replantear. ¿Qué semilla quiero plantar y cultivar? Aquella de la conexión y de la intención. Aquella que me permitirá abrazar sin más, entregar sin esperar, dar sin recibir…. Y dar, infinitamente dar.

  • El mini ensayo

    Aquí van algunos puntos destacados (aunque algunos dirían un mini ensayo) del podcast de un amigo donde relata su proceso de desarrollo personal.

    Aquí va el link para quienes quieran escucharlo: 30 min.

    • Encuentra tu “por qué”: Y esto me recuerda a un libro que mi hermano me envió hace poco: “Why” de Simon Sinek. El propósito es por lejos lo más difícil de definir. Cuando no se tiene, el mensaje y el andar son confusos y poco claros. Pero, tan pronto se logra la definición, se mueven montañas. Es como que el universo se alinea a tu favor, y tu mentalidad es práctica convirtiendo toda adversidad en oportunidad. Lo que a su vez se ve como “pensar positivo” pero en realidad creo es pragmático y hacer la tarea. Lo que funciona para mi (a veces): prueba definiendo primero tu “qué” y luego pasa al “por qué”.
    • Rodéate de la gente correcta, aquella a la que le importas y te anima: cierto? Como influye la energía! De todos aprendemos, en toda interacción hay una lección, pero hay lecciones que son cortas y hay que aprender a leer cuando retirarse. Esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo, al menos en mi caso. Lo que funciona para mi (a veces): Usa de filtro las preguntas “le aporto valor? Me aporta valor?” De lo contrario es como la parábola del sembrador. Por más que se trate, no va a ser una interacción positiva para ninguna de las partes.
    • Sal de tu zona de confort, deja a un lado tu ego, la próxima vez será más fácil, y así sucesivamente: un 100%, esto además te garantiza trabajar la resiliencia, porque fracasos habrán por mil, pero la recuperación será cada vez más rápida. Y no se a ti, pero cada vez que me aventuro a hacer algo que jamás he hecho, o que tengo poca experiencia, me hace sentir como mujer maravilla, como que todo lo puedo. Es como una inyección a la autoestima. Lo que funciona para mi (a veces): Inscríbete en algún curso de corta duración para aprender lo que sea (comedia, surfing, barista, etc.).
    • No conformarse con una vida promedio: Cuando todo está “más o menos” bien, y te quedas cómodo -generalmente preso del miedo-, sin hacer más. Es súper fácil caer en eso y sin darse cuenta, empezar a quejarse y hacer poco para cambiar. Y es que es hasta difícil ver más allá. Simplemente, no se ven las infinitas posibilidades, y es peligroso, porque se empieza a mermar la confianza en uno mismo, cayendo en un círculo vicioso. Lo que funciona para mi (a veces): La idea es poder decir al final de cada día que hiciste lo mejor que pudiste dentro de tus capacidades, independiente del resultado, pero tener la convicción de que diste tu 100, todo lo demás, está fuera de tu control.
    • Conócete: Esto te toma la vida entera. Antes pensaba que se llegaba a un punto, y me sentía tremendamente inepta porque veía ese punto tan lejano. Pero no, cada momento en la vida te hace descubrir -o trabajar- una nueva/vieja faceta, y así, es un proceso continuo. Uno va permanentemente cambiando y superándose. Lo que funciona para mi (a veces): Trátate con cariño y se paciente contigo y tu proceso.
    • Engáñate, se tu propio mentor: Aquí va de la mano eso del “Fingir hasta que lo consigas”. El otro día hablaba con una amiga sobre cómo actuar con convicción aun cuando en lo profundo no te la creas. Recuerdo cuando tomé un trabajo como vendedor de zapatos, cuánto lo deteste! Y me terminaron despidiendo, fue un desastre. Y recuerdo mi papá aconsejándome: “tienes que ser el vendedor de zapatos, créete y aduéñate del rol”. Este consejo me sirvió cuando hice Comedia en Vivo (standup comedy) y es una técnica que uso cada vez que me pongo nerviosa (cuando la recuerdo eso si!). Es importante no olvidar que no se tiene que hacer caso a cada pensamiento, y que cada creencia se puede elegir/modificar. Lo que funciona para mi (a veces): Cada vez que sientas que no tienes la confianza y seguridad suficiente para desenvolverte, pues imagina que no eres tú y que estas actuando, jugando el rol de aquella persona segura y que sabe lo que está haciendo. Créete el cuento.

     “All the world’s a stage,
    And all the men and women merely players;” – Shakespeare.

    • Todo tiene su tiempo: Muchas veces nos bombardeamos de mensajes que no nos hacen sentido sino hasta que estamos “listos”. O mejor dicho, toman un sentido diferente. Hay que confiar en el proceso, confiar en que se está haciendo todo lo que se puede (aun cuando no lo creas, la verdad es que lo que haces es lo único posible de acuerdo a tu proceso interior), y confiar en que todo estará bien. Lo que funciona para mi (a veces): Trátate con cariño y se paciente contigo y tu proceso.
    • Nada es permanente, todo es temporal. Aprende de los malos días: Acá los dichos “no hay mal que dure cien años” y “después de la tormenta siempre sale el sol” aplican muy bien y merecen ser recordados. Es fácil ver todo negro en aquellos momentos de baja vibración, y ahí es cuando los estímulos externos (libros, música, amigos, familia, actividades) son clave. Lo que funciona para mi (a veces): Ni la felicidad ni la tristeza son eternas, todo pasa, no queda nada más que agradecer, tomar la lección, y estar presente.

    Y si… todo esto fue UN SOLO mensaje en WhatsApp… Quizás si debería aprender a resumir…